Citas interesantes de Vigilar y Castigar (Michel Foucault, 1975):

Quizás haya que renunciar a creer que el poder vuelve loco, y que, en cambio, la renunciación al poder es una de las condiciones con las que se puede llegar a sabio.

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La parálisis de la justicia [en el Antiguo Régimen] se debe menos a un debilitamiento que a una distribución mal ordenada del poder, a su concentración (…). Este mal funcionamiento del poder remite a un exceso central: el sobrepoder monárquico, que identifica el derecho de castigar con el poder personal del soberano.

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Hay que concebir un sistema penal como un aparato para administrar diferencialmente los ilegalismos, y no, en modo alguno, para suprimirlos todos.

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[La disciplina] no es un poder triunfante que a partir de su propio exceso pueda confiarse en su superpotencia; es un poder modesto, suspicaz, que funciona según una economía calculada pero permanente. Humildes modalidades, si se comparan con los rituales majestuosos de la soberanía o con los grandes aparatos del Estado. (…) El éxito del poder disciplinario se debe, sin duda, al uso de instrumentos simples.

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La penalidad perfecta que atraviesa todos los puntos y controla todos los instantes de las instituciones disciplinarias, compara, diferencia, jerarquiza, homogeiniza, excluye. En una palabra, normaliza.

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En un sistema de disciplina, el niño está más individualizado que el adulto; el enfermo más que el sano, y el loco y el delincuente más que el normal y el no delincuente. (…) Y cuando se quiere individualizar al adulto sano, normal y legalista, es siempre buscando lo que hay todavía en él de niño, la locura secreta que lo habita, el crimen que ha querido cometer.

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La disciplina es, en su mecanismo, un contraderecho. Y si el juridismo universal de la sociedad moderna parece fijar los límites al ejercicio de los poderes, su panoptismo difundido por doquier hace funcionar, a contrapelo del derecho, una maquinaria inmensa y minúscula a la vez que sostiene, refuerza, multiplica la disimetría de los poderes y vuelve inútiles los límites que se le han trazado. (…) Son mecanismos para desequilibrar para siempre las relaciones de poder.